(26-sep-2018) La Bibllia nos relata sobre el Pueblo de Dios: sus inicios, su crecimiento, y su camino hacia una plenitud en Cristo.

Podemos ver a la Biblia como la Historia del Pueblo de Dios. Historia que comienza con una promesa. En efecto, Dios llama a Abraham, y le promete que, con su descendencia, conformará un pueblo, su pueblo; también le promete que por este su pueblo serán bendecidas todas las naciones.

El Antiguo Testamente nos relata cómo el Pueblo de Dios es liberado de la esclavitud de Egipto, cómo pasa el Mar Rojo camino a la libertad; además nos muestra al Pueblo en su camino por el desierto, celebrando la Alianza en la montaña santa, en su entrada en la tierra prometida, etc.

En la plenitud de los tiempos el Pueblo de Dios recibe la visita de Jesús, el Hijo de Dios encarnado, cumplimiento de las profecías. Jesús, por su Pascua, conforma el Nuevo Pueblo de Dios, iluminado y guiado por el Espíritu Santo a partir de Pentecostés.

Ahora, últimos días del Mes de la Biblia, podemos revalorizar nuestro Encuentro del Pueblo de Dios con el transfondo bíblico. Porque nosotros somos el Nuevo Pueblo de Dios. Y lo somos porque Dios ha tomado la iniciativa, desde el principio, de comunicarse al hombre para invitarlo a ser parte de su Pueblo.

Dios habla en la Biblia a su Pueblo; nos habla a nosotros porque somos parte de su Pueblo; me habla a mí porque soy miembro del único Pueblo de Dios. De allí la importancia de nuestros encuentros: porque celebrar un Encuentro del Pueblo de Dios es vivir y celebrar a Dios que, por su iniciativa, se ha revelado para llamarnos a conformar su Pueblo.

Juntarnos para celebrar el Encuentro del Pueblo de Dios es celebrar nuestra fe en Dios, que se ha revelado amorosamente, y quiere que seamos un solo Pueblo, pastoreado por el único Pastor, Cristo Jesús, el Señor.

Pidamos al Espíritu Santo que nos valoremos como miembros del Pueblo de Dios.

La Cruz caracteriza al Pueblo de la Nueva Alianza; María es la Madre de la Iglesia, del pueblo peregrino. 

Al pie de la Cruz de los Milagros con María de Itatí